Dámaso contra las cuerdas
Vaya semana la que nos han regalado. Toda la verdad sobre el cambiazo de bebés, el de Adriana y Rosario, sale a la luz y, claro, el bueno de Dámaso no sale ni mucho menos bien parado. Se creía intocable y termina acorralado hasta por debajo de las piedras.
Esta es la semana en la que Dámaso por fin paga todo lo que ha sembrado. El secreto del intercambio de bebés —el de Adriana y el de Rosalía— estalla por todos lados, y ese mismo secreto se convierte en el arma que lo va a derribar.
¿Y qué hace nuestro hombre? Pues lo de siempre: se pone en plan altanero, en plan "a mí nadie me toca". Pero, ay, niña, ya nadie se traga esa soberbia. José Luis fue el primero en encenderse. Y, poco a poco, todo el Valle, sí, todo el Valle, le empieza a dar la espalda. Dámaso se mueve como si nada, pero lo vemos distinto. Esta vez se nota acorralado, no seguro de sí mismo. Que la van a cazar, y cómo.
Y lo cazan. No desde una esquina, sino desde todas. Ahí está Pedrito, que no se anda con rodeos y sale a defender a los suyos. Y luego, señora Mercedes —con la Salcedo a su lado, ojo—, que logra lo que parecía imposible: echar a Dámaso del Valle. Y no solo eso, nos regala una amenaza final —de esas que ponen la piel de gallina— justo antes de salir por la puerta de la Casa Pequeña. Como para decir: sigo aquí y puedo fastidiar todavía más.
Pero no es solo el Valle, que ya bastante es eso. No. La Santa Hermandad también lo tiene en la mira. Don Hernando, con esa mirada de viejo lobo, le advierte tarde o temprano al capitán Escobedo que Dámaso es peligroso. Y no están exagerando. Así que el nuestro termina la semana huyendo de todos lados: del pueblo que lo señala, de la familia que lo expulsa y de la justicia que le pisa los talones.
¿Y vosotras qué creéis? ¿Se acabó la historia de Dámaso? ¿O un hombre así, cuando lo acorralan y pierde todo, es el que más daño puede hacer antes de caer? Aquí va a haber jarana, y de buena.
