Pedrito logra lo que nadie había conseguido: hacer reaccionar a Rafael
Rafael llevaba días encerrado en sí mismo, sin dejar que nadie le moviera un ápice. Hasta que Pedrito se ha colado por su ventana y ha dicho la frase justa.
Rafael llevaba días encerrado en sí mismo, incapaz de asumir que el hijo que ha criado como suyo no lo es y que en algún lugar del Valle hay un niño de verdadera sangre esperando por él. Nadie había logrado moverle un ápice de esa coraza. Ni Bárbara, ni Luisa, ni las visitas cargadas de argumentos y de paciencia agotada. Hasta hoy, cuando quien ha conseguido llegar hasta él ha sido, de la forma más inesperada, Pedrito.
El propio Pedrito se ha colado por la ventana de la alcoba de Rafael para hablar con él a solas, sin testigos y sin el peso de toda la familia detrás. Lejos de un enfrentamiento, la conversación ha empezado en calma. Le ha preguntado, sin rodeos pero sin presionar, si no quería ver a su propio hijo. Rafael ha respondido con sinceridad: no se sentía capaz de cogerlo en brazos.
Ahí es donde Pedrito ha jugado su carta decisiva. Le ha dicho que le gustaría que el niño se llamase Lucas. Una frase sencilla, casi de pasada, pero que ha bastado para que a Rafael se le transformara el gesto por completo. Fue el instante en que algo, por fin, empezó a moverse.
Pedrito no se ha quedado ahí. Ha aprovechado ese resquicio para hablarle también de Rosalía, de lo mal que lo está pasando y de lo injusta que resulta la situación para ella. Un golpe de realidad más, sumado al del nombre del niño, que ha terminado de encender la mecha en Rafael.
Con esta escena, Rafael parece haber encontrado el clic que necesitaba para empezar a afrontar lo que lleva evitando desde que estalló el cambiazo. La pregunta que queda abierta es si ese primer paso será suficiente para que, la próxima vez que tenga a su hijo delante, sea capaz de sostenerlo en brazos.
